En este post y en su vídeo correspondiente trabajaremos en la siguiente hipótesis: sentirse inferior no tiene sentido.
El sentimiento de inferioridad está íntimamente relacionado con nuestra autoestima, que como la palabra indica, es la estima y el aprecio que nos tenemos, la valoración que nos damos a nosotros mismos.
Da igual los talentos, virtudes, puntos fuertes y habilidades que tengamos, parece que siempre se nos antoja lo que tienen los demás.
Quitamos importancia a nuestros logros y a todo lo que poseemos y ponemos nuestro foco de atención en aquellas cosas que posee nuestro vecino, la compañera de trabajo, algún amigo o nuestros hermanos.
Cogemos la parcela de vida que nos llama la atención: un sueldo, un coche, una casa, una pareja, hijos, un empleo,… y creemos que si tuviéramos eso mismo alcanzaríamos la felicidad.
Si profundizas más te darás cuenta de que eso es solo una porción de la vida de una persona, que todos tenemos que luchar por nuestras ilusiones y que los demás también pueden anhelar lo que tú posees y quitas importancia.
El llamado «complejo de inferioridad» solo va a aportarte malestar, insatisfacción y dejar de creer en ti mismo.
Mediante este increíble cuento Zen, te explico las claves de por qué sentirse inferior no tiene ningún sentido.


